Entrevista a Andreu Martín i Jaume Ribera
Escrit per Álvaro Vicente Palazón
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(Entrevista publicada originalment a La Gangsterera - a iFlanagan.com amb el permís exprés de l'autor)
Octubre 2006
Álvaro: 20 años han pasado desde que escribieseis vuestro primer libro ¿cómo os conocisteis?
Jaume Ribera - Nos conocimos mucho antes, cuando ambos colaborábamos como guionistas de cómic en la Editorial Bruguera. Cuando yo empecé a escribir guiones, Andreu ya llevaba un tiempo allí, y era el guionista estrella de la casa, con permiso de Víctor Mora, que se limitaba al género de aventuras. Casi inmediatamente, le promocionaron a supervisor de guiones y durante un tiempo fue él quién decidía sobre las miserias y las grandezas de los míos.
Andreu Martín - Nos encontrábamos los miércoles en la sala de espera de la editorial, donde íbamos a entregar guiones y a cobrar los aprobados de la semana anterior.
¿Cómo logran dos estudiantes de periodismo y psicología convertirse en guionistas de cómic?
J.R. - El azar, que te lleva a donde quiere. Yo tenía 19 años y estaba estudiando en la Facultad de Ciencias de la Información. Necesitaba dinero para mis gastos y para esos vicios tan difíciles de justificar ante el poder financiero, cuando el poder financiero son tus padres. Se me ocurrió pues, ir a los periódicos a ofrecer mis servicios. Me recibieron en algunos, y el mensaje fue claro: "No sólo no tenemos nada para ti, sino que, antes que tú, han pasado por aquí todos tus compañeros de promoción a pedirnos lo mismo que tú". Poco después, sentando en un bar, fumando lo que fumaba entonces, una cosa que se llamaba Piper, capaz de intoxicar a un pedazo de feldespato, llegué a la conclusión de que tenía que ir a buscar trabajo a algún lugar al que no hubieran ido antes mis compañeros. Entonces me acordé de las "novelas de a duro". Había leído algunas, y me había parecido que con un poco de esfuerzo yo también podría escribirlas. ¿Dónde las publicaban? En Editorial Bruguera. Seguro que allí no habrían acudido mi compañeros, en aquellos tiempos en los que cualquier cosa menos densa que "La Acumulación del Capital", era considerada como un subproducto escapista escrito por mercenarios colaboracionistas con el poder establecido y destinado a atontar a las masas . Busqué la dirección y me fui a la calle Camps i Fabrés, donde estaba la redacción de Editorial Bruguera. Me preguntaba qué tal se debían ganar la vida los mercenarios.
El problema se me planteó en la puerta. Eran tiempos anteriores a los seguratas uniformados recortados ante un fondo de pantallas de televisión. Quien controlaba allí el paso era un señor gallego, calvo y bastante fornido. Se parecía lo bastante al teniente Kojak, entonces en boga, como para necesitar armamento de calibre alguno. Entré, y me preguntó qué pretendía. Le dije que yo escribía y que venía a ofrecerme por si necesitaban a alguien que escribiera. Reprimí a tiempo una mención a mi condición de primero de la clase en redacciones, durante el Bachillerato y la cita al relato, hoy oportunamente destruido, titulado "¿Un Mundo Nuevo?" con el que gané un premio a escala nacional a los dieciséis años.
El señor gallego no parecía muy convencido. Es más, tras averiguar que no tenía cita previa con nadie, parecía dispuesto a depositarme en la calle de un momento a otro. Yo insistí, y entonces él, de pronto dijo: "Pero vamos a ver, ¿qué escribe usted? ¿No será guionista?". Lo dijo de tal forma que en seguida vi claro que si le decía que sí, me franquearía el paso. Así, que asentí enérgicamente con la cabeza. ¡Pues claro que era guionista! ¿Acaso no acababa de decírselo?
El señor gallego cogió el teléfono, anunció que "tenía a un guionista en la puerta" y, tras colgar, me dijo que subiera a la primera planta, que me recibiría la señorita Anna María. Durante el trayecto por las escaleras me preguntaba qué debía ser eso de "guionista". O, en todo caso, guionista, ¿de qué? Mi cursillo acelerado de Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane y hasta Corín Tellado no me iba a servir de nada.
La señorita Anna María me recibió amablemente en la sala de visitas y me preguntó por mi experiencia y publicaciones en el campo de la historieta gráfica. Contesté con un par de sonidos guturales que ella supo interpretar correctamente. No tenía ninguna experiencia. Bien, no importaba. De hecho, como supe más adelante, no les importaba porque tenían problemas para encontrar guionistas que resistieran el ritmo febril de producción de la factoría, en sus tiempos álgidos. La señorita Anna María me dio un par de páginas publicadas de un personaje que respondía por "Marujito", un par de originales de guiones y me dijo que le escribiera tres o cuatro y que se los trajera cuando los tuviera. Ah, y que si aprobaba, cobraría a 15 pesetas por viñeta.
En fin, aprobé el examen, cobré tres de los cuatro guiones, el otro me lo devolvían, (si no les gustaba alguno de los guiones que te habían encargado, te lo devolvían, no lo cobrabas y todos tan felices) y de este modo me vi convertido en guionista. Y sabido es que, una vez pillas un vicio, es muy difícil dejarlo.
Algunos años después acabé también escribiendo novelas de a duro. Pocas, porque cuando empecé yo, el género agonizaba, engullido por las series de televisión.
A.M. - Casi por casualidad. Un dibujante de cómics de mi barrio leyó algunas de las chorraditas que yo escribía y me profetizó que podía ser un buen guionista de tebeos. Yo no sabía qué era un guionista de tebeos pero, si se trataba de escribir y cobrar por ello, me pareció genial. Así que lo probé, y me salió bien. Trabajé al principio para un agente que enviaba el trabajo a Italia y jamás vi esos guiones dibujados, pero solté la mano y aprendí. Y, cuando me vi con ánimo de profesionalizarme, visité la editorial Bruguera (con la pretensión de escribir los guiones del Capitán Trueno) y me acogieron amablemente.



